Viviendo más, pero cotizando menos. Los retos de las pensiones en México

2026-10-02 14:18:29 - MUNDO

"Muéstrame el incentivo y te mostraré el resultado". Charlie Munger

América Latina logró en tres décadas alcanzar la esperanza de vida y la longevidad asociada, que a Europa le tomó un siglo. Pero los sistemas de pensiones en la región no fueron diseñados para contemplar ni ajustarse a ese cambio.

Entre otras muchas consecuencias, hoy se enfrenta a una paradoja: las personas mayores de 50 años trabajan hoy más años que cualquier generación previa, pero lo hacen cada vez más fuera del canal formal, que es el que genera derechos pensionarios; esos años adicionales de vida se acumulan como trabajo, pero no por completo como cotización.

Un estudio reciente de la Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensiones (FIAP), titulado "De la longevidad informal a la cotización efectiva", analiza este fenómeno en ocho países de la región, incluido México.

El estudio parte del análisis de la densidad de cotización, definida como la proporción del tiempo de vida laboral durante el cual una persona cotiza efectivamente a su pensión formal.

Una de las conclusiones generales es que, como región, América Latina envejeció antes de que los países que la conforman generaran riqueza y antes de haber construido mercados laborales lo bastante formales como para convertir esos años de más en derechos previsionales que dieran soporte adecuado a las pensiones.

El informe identifica tres fenómenos que se repiten entre los países. El primero es que, después de los 50, la transición dominante no es pasar del empleo a la inactividad, sino del empleo formal al informal. La formalidad cae entre 15 y 30 puntos porcentuales después de los 50 años, mientras que la participación laboral apenas disminuye entre 5 y 15 puntos porcentuales. La gente no deja necesariamente de trabajar, pero sí deja de cotizar. El segundo fenómeno es que las reglas establecidas respecto de los umbrales de pensión funcionan como impuestos implícitos al trabajo formal, con tasas marginales efectivas que, en varios países, superan el 100% cuando las personas se acercan a dichos umbrales. El tercer fenómeno identificado por el estudio es que la capacidad de convertir años de vida en meses cotizados está segmentada por niveles de educación y por género: las mujeres y quienes tienen menor escolaridad son quienes más pierden.

Desde una aproximación conductual, cuando las reglas hacen que un año más de cotización formal rinda poco o nada en la percepción del trabajador, este responde desplazándose hacia la informalidad, que el informe denomina "informalidad defensiva". No se trata de una falla de cumplimiento del trabajador, sino de una respuesta a una estructura de precios que castiga quedarse en la formalidad justo cuando el sistema más necesita ese aporte. Por un lado, la gente hace lo que los incentivos le dictan; además, existen estímulos perversos que llevan a las empresas a forzar la salida de empleados que se acercan a los umbrales de jubilación, dejando poco espacio para acceder a nuevos empleos en la formalidad.

En el caso de México, de acuerdo con el informe, entre los mexicanos de 50 a 65 años el 65.6% está ocupado, pero solo el 28.2% lo hace de manera formal. Alta ocupación, baja cotización. A escala nacional, los estudios sobre el sistema de ahorro para el retiro estiman que un trabajador mexicano cotiza, en promedio, menos de la mitad de su vida laboral, alrededor de 43%. Trabajamos mucho y aportamos poco; de ahí que la longevidad se acumule como esfuerzo, pero no como pensión.

Se señalan dos aspectos asociados con la regulación de México: el primero, el requisito de cesantía, que exige haber perdido el empleo, lo cual desalienta seguir trabajando de manera formal cerca del umbral. El otro es la Pensión del Bienestar, de carácter universal y sin prueba de medios: al eliminar cualquier condición de ingreso, suprime la distorsión del umbral, pero también debilita el incentivo a cotizar de quienes anticipan un beneficio contributivo modesto. Es el dilema entre ampliar la cobertura y preservar el incentivo a aportar.

El informe propone para México hacer más rentable la formalidad en edades avanzadas. Corrigiendo las reglas que hoy se percibe penalizan seguir cotizando después de los 50, permitir aportaciones posteriores al retiro con un retorno y un efecto visibles en la cuenta individual y, atendiendo a los fenómenos de conducta, comunicar con claridad cuánto aumenta la pensión esperada por cada año adicional de cotización. Como muestran cientos de estudios de economía del comportamiento, en este caso, como en muchos otros, el beneficio tiene que volverse cercano y tangible, no una promesa lejana y abstracta.

El margen de maniobra para México es limitado porque el país envejece más rápido de lo anticipado, su fecundidad ya está por debajo del nivel de reemplazo y, sin que se corrijan estas tendencias, cada cohorte demográfica que cruza los 55 años presenta una menor probabilidad de volver al empleo formal.

Convertir la longevidad en una pensión mayor es convertir un riesgo demográfico en un activo previsional; y eso depende menos de pedirle más al trabajador que de cambiar los incentivos que enfrenta.

Fuente: google.com
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